Salta niña

Todo esto ocurre en Lima.

Terminé de tocar un par de canciones en un recital de poesía al que me invitó Mario Bendezú y salí del bar con Aejandra hacia la plaza de Barranco. Era sábado por la madrugada. Cerca de ahí, estaba un músico viajero, un guitarrista chileno a quien Alejandra conocía.

Improvisamos por media hora, luego dejamos que siguiera trabajando (el hombre tocaba en la calle y pasaba el sombrero a quienes le escuchaban). Nos despedimos, hasta luego compañero, un abrazo y, con Alejandra, seguimos caminando hacia el malecón fumando unos cigarros.

Sentados en una banca conversábamos, como siempre, de fantasías literarias o de cine. Alejandra contó que estaba terminando un guión cinematográfico por encargo.

Una hora más tarde, seguíamos viendo el mar de madrugada y saqué la guitarra. Improvisaba una armonía cualquiera, tarareando una melodía cualquiera, pensaba…

—Quiero escribir una canción sobre el miedo –le dije– pero quiero que sea una historia un poco más gráfica.
—¿Qué es el miedo? –respondió Alejandra
—No lo sé, es una forma de supervivencia. Aunque también podría ser una forma de conformismo.
—O sea…
—Imagina un niño que se sube a este murete –señalo el muerte del malecón– camino por el borde, se cae y se hace daño –recuesto la guitarra en la banca–. La próxima que pase por aquí tal vez no quiera volver a subirse. Va a tener miedo de caerse y eso le va a limitar…
—Ya entiendo, pero puede que sí lo intente, Cristian. Se sube al muro, cae y se hace daño, pero luego vuelve a subirse. Alguien dirá “ese niño no aprende” pero quizá quiera intentarlo de nuevo…
—¡Eso mismo! En la vida nos pasan cosas que nos dañan, pero si por esas experiencias del pasado nos limitamos a seguir viviendo, pues, ya no estamos viviendo –tomo la guitarra y vuelvo a ese acorde que hacía–. Entonces… la canción podría ser algo así como… “El niño sube a un muro…”
—¿Por qué no una niña? –interrumpe Alejandra-. “La niña sube al muro…” –se pone de pie y literalmente se sube al muerte y empieza a darle vida a la escena. Alejandra es la niña.
—Está bien, tienes razón, hablamos mucho de los hombres y nada de la mujeres, ahora sí: “La niña sube al muro…”

Lo demás, las conclusiones sobre el miedo y la historias se cuenta en la canción.

En este vídeo está la letra y la canción, si continúas bajando encontrarás solo la letra escrita en estrofas.

La niña sube al muro,
la niña sube sin pensar.
Y dos pasos adelante,
la niña cae sin mirar.

Se ha raspado las rodillas,
y ha sangrado con dolor.
Y ha corrido hasta su casa,
con un llanto encantador.

“Tengo miedo, tengo miedo,
tengo miedo de caer”
Miedo… de caer.

Y al pasar algunos días,
cerca a casa el muro está.
Sube niña, sube niña,
sube niña una vez más.

Y camina por el borde,
camina sin temer.
Y dos pasos adelante,
has saltado sin caer.

Salta niña, salta niña,
has saltado sin saber
que has vencido el miedo al miedo,
y el miedo de caer.

Salta niña, salta niña,
no le temas al reloj,
porque el tiempo es relativo,
y relativo es el dolor.

Salta niña, salta niña,
no le temas a caer.
Porque el miedo es relativo
y relativo todo es.

Porque el miedo es relativo
y relativo todo es:
Tengo miel, no tengo miedo.
Tengo sol, no tengo miedo.
Tengo paz, no tengo miedo.
Tengo todo lo que quiero.
Tengo too’ no tengo miedo.
Quiero todo lo que tengo

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