Chica aguacero

De la infancia hay recuerdos que parecen salpicados de magias y sortilegios. Entonces vivía en Huancayo, una ciudad de la sierra central del Perú situada en medio de un valle.

El verano ahí era diferente de lo que habitualmente se piensa de esta estación; se caracterizaba por fuertes vientos y lluvias torrentes que duraban largas horas. Alguna vez parado en la esquina de la calle San Judas (por San Antonio, mi barrio), observé un hecho curioso: de mi calle hacia adelante, llovía; y de mi calle hacia atrás, no llovía.

Mi padre me explicó que el viento movía las nubes. Era por la fuerza del viento que veíamos venir a la lluvia desde la montaña, llegar a la ciudad y marcharse hasta el otro lado del valle. Así, pensaba entonces, una misma nube cargada de lluvia es la que moja toda la tierra, pero por partes.

Todo esto ocurre en Lima veinte años después.

Culturalmente entendemos el amor monógamo. La cultura peruana, en algunos aspectos, no es tan diferente de otras influidas por Occidente y el Cristianismo. En el amor de pareja, por ejemplo, no aceptamos la bigamia ni la poligamia. Somos monógamos por la fuerza. Y si alguien no lo es se piensa que está cometiendo un error o que es anormal.

Nos parece imposible, de locos,  una relación sana de cinco personas. El amor monógamo en sí es parte de ese sistema cultural alimentando (cebado) a lo largo de las generaciones.

Así me descubrí. En mi lado más conservador. Cuando Patie (por decir un nombre) comentó que había empezado a practicar la poligamia a  escondidas. Insistía en que podíamos “comenzar de nuevo” con esa idea suya de tener una relación poligámica.

En ese momento no lo entendí, no acepté y dejamos de vernos. Mientras volvía a casa pensaba en lo que Patie había dicho y, sin controlar la mente, venían a mi cabeza los aguaceros de mi infancia en Huancayo. Las tardes lluviosas sin salir, mirando por la ventana las gotas que pegan al cristal.

Patie me recordaba a esa explicación del viento moviendo las nubes, haciendo que llueva en varias partes del valle, de la tierra. Así es ella  —pensé– como una nube de aguacero.
Su nombre no era Patie, en realidad es un anagrama. Ella no quiso que contara esta crónica con su verdadero nombre, aunque para mí siempre va a ser la Chica Aguacero.

En este vídeo está la letra y la canción, si continúas bajando encontrarás la letra escrita en estrofas. Salud!

Óyeme, chica aguacero,
que humedece el barro
y tocas mis hombros
con tus ojos de nube cargà’

Óyeme, chica aguacero,
que en la tierra juegas
a dejar tus huellas
en pequeños lapsos de humedad.

Y en la nabe el cielo explota
por los minutos más breves.
Y rebotan en el charco
mis hermosas plantas verdes.

Dime, cómo comenzar de nuevo
y secar las gotas de tu aguacero,
chica aguacero…

Óyeme, chica aguacero,
fuerzas caprichosa
de lluvia indecisa,
mojaste otra tierra y te vas.

Óyeme chica aguacero,
no me mientas sola.
Caminaste en otros suelos
y encontré tu humedad.

Y otra nave, el cielo explota.
Otros minutos má breves.
Rebotaste en otro charco
hermosa y desapareces.

Dime, cómo comenzar de nuevo,
y secar las gotas de tu aguacero.
Hay que ver, cómo has caído al suelo,
chica aguacero, y haz traído tu nube pa’ acá.

Chica aguacero, hoy el cielo,
hoy el cielo ya se ha despeja’o.
Chica aguacero…

 

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