Todo esto ocurre en Arequipa.
Era de noche. Por la calle la Policía perseguía a balazos a un grupo de hombres que se perdió en el horizonte hasta hacerse diminuto.
Desde ahí, a unos metros, de un pequeño auto, un Tico, bajaron a Henry Chuclla gimiendo débil. Estaba agonizando. Le habían disparado por la espalda dos veces. Por la espalda. Una de las balas entró por el pulmón y reventó el corazón sin orificio de salida.
Los protestantes eran agricultores que durante decenas de días (y antes de eso años) habían estado manifestándose por las calles, mostrándose en contra de la realización del proyecto minero Tía Maria, el cual envenenaría —entre otras cosas– el agua y afectaría sus actividades agrícolas.
Quizá Henry estaba huyendo, rendido ante el azote policial sin saber que la bala a traición lo tumbaría para siempre.
Con lo peligrosa que es la minería de tajo abierto, la…
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